Nació en Ranchuelo, provincia de Las Villas en Cuba, un pedacito de tierra que le enseñó la tercera parte de todo lo que sabe en la vida, porque lo demás lo aprendió durante sus viajes por 67 países. En todas sus presentaciones sale aplaudido y el público no se arrodilla ante su carácter virtuoso porque no quiere perderse la oportunidad de bailar escuchando el recorrido que hace el veterano músico por ritmos antillanos como la guaracha, el son, el latin jazz, la guajira, el mambo, el chachachá y la pachanga, sin olvidar las ya tradicionales descargas al estilo Chocolate Armenteros.
“Tengo 80 años recién cumplidos, estoy como un coco y todavía toco como si tuviera 20. Es decir, que si tengo un pítcher un poco lento le robo la segunda base porque la trompeta la hago sonar muy rico, le pongo energía, técnica y fuerza. Yo estaré al lado del instrumento hasta que Dios quiera y mientras tenga labio para eso, pues toca seguir gozando. Pero yo creo que a mí no hay quién me retire. Me retiro yo mismo cuando me dé cuenta de que ya no puedo más”, comenta entre risas el trompetista que grabó su primera producción discográfica el 18 de mayo de 1949 con la orquesta de René Álvarez. el espectador
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